lunes, 3 de marzo de 2014

Slow Food araba en las raíces del mañana

1 de marzo de 2014
Por el Presidente de Slow-Food Convivum Araba-Álava Alberto Lopez de Ipiña.
Para la humanidad –puede parecer retórico, pero es de todo el género humano del que estamos hablando- deviene imprescindible regresar a la tierra. Tenemos todas las posibilidades para hacerlo y existen tantas formas para poder hacerlo todos, sin excluir a nadie. 

En primera instancia, regreso a la tierra puede significar en concreto volver a cultivar, a practicar la agricultura o recuperar nuestros campos. Los campos de todo el mundo se han despoblado o se despueblan. Cada vez es más frecuente que los jóvenes no sientan la necesidad de continuar la labor de sus padres y, donde las familias no cultivan ya la tierra desde hace generaciones, el oficio de agricultor es muy raramente contemplado como opción de vida en el futuro de un muchacho o de una muchacha. En los países industrializados, que han vivido este proceso en primer lugar, los campos se han vaciado de personas y se han llenado de máquinas. Otro tanto, de forma más o menos veloz, está sucediendo en los países en vías de industrialización. Según los datos de las Naciones Unidas, más de la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas desde 2009. Hace tres años se produjo el histórico adelantamiento (3,42 millones de personas contra 3,41 en áreas rurales), y las previsiones, basadas en cálculos estadísticos, confirman esta tendencia. ¿Quién cultivará nuestros alimentos en el futuro?
 Necesitamos personas en los campos, y por tanto es necesario favorecer un regreso de los jóvenes y mayores a la agricultura. Se necesita disponibilidad de la tierra, instrumentos, infraestructuras, simplificaciones burocráticas, financiaciones, una justa educación y la garantía de transmisión de los saberes tradicionales. Pero en primer lugar, es necesario restituir el orgullo y la dignidad a la labor agrícola, una de las más útiles, delicadas, importantes y –no está de más añadirlo- de las más bellas que existen.
 Esta es una de las razones por las que dentro del proyecto denominado “las raíces del mañana”, ayer sábado día 1 de marzo las diferentes asociaciones naturalistas y ecológicas integrantes del Consejo Sectorial de Medio Ambiente de Vitoria-Gasteiz, entre las que se encuentra Slow Food Araba-Álava, un grupo de 35 personas voluntarias participaron en una jornada para dar vida a Quejidos, Arces y Fresnos del vivero del Centro de Estudios Ambientales en las cercanías al Centro de Interpretación Ataria. El proyecto inmerso en el objetivo de la consecución de 250.000 árboles en el Anillo Verde Vitoriano está cada día más cerca. Este ambicioso ecoproyecto pretende, entre otros objetivos, la restauración ambiental de todo el corredor lineal de Errakaleor, que continuará por el cerro de Las Neveras hasta el sector 19 de Aretxabaleta-Gardélegui, las riberas de Santo Tomás, el alto de Eskalmendi, la Avenida Zadorra, el Alto de Armentia y el parque Basaldea, en una reconquista verde de un futuro bosque. 
 Una plantación popular precedió a esta en el término de Kabazarra, al final de la calle Viena, que contribuyó con 2.000 árboles y arbustos, formando parte del desarrollo de la infraestructura verde de Vitoria, para dar a conocer las masas forestales autóctonas del municipio y potenciar la sensibilización de los ciudadanos, fomentando la participación ciudadana. También los jugadores de las categorías inferiores del Deportivo Alavés (infantiles y alevines) participaron en la campaña “Adopta un árbol y crece con él”, promovida por el Centro de Estudios Ambientales del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Los albiazules, azada en mano y con destreza, plantaron su árbol, instruidos por dos monitoras y bajo la supervisión de los propios entrenadores, que también quisieron participar en esta actividad de carácter sostenible. 
 Estas plantaciones encajan, también, dentro del proceso de consolidación de los diferentes espacios con que cuenta el Jardín Botánico para distintas colecciones como el Lago de Olárizu, las Praderas de Orquídeas, el Jardín de las Plantas Útiles y Amenazadas y el Mirador de Olárizu. En concreto, entre los arbustos y matas plantados hasta ahora destacan las comunidades vegetales propias de los cerros margosos de la Llanada Alavesa como son: Prebrezal margoso con Enebral, Espinar petrano y Sabinar con boj entre otras especies.
Mila esker a nuestras socias Feli Arregui, Maite González y Elixabete Oca que nos representaron dignamente debajo de la lluvia y sobreponiendo la salud nuestro Medio Ambiente a las inclemencias del tiempo.

Vitoria-Gasteiz a 2 de marzo de 2014